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Gramós, el pueblo que fue rehabitado

Hace unos pocos días, en el excelente blog Fronteras, Diego González publicaba una entrada hablando de pueblos que tienen exáctamente un habitante. La casualidad ha querido que hace sólo unos pocos más días, estuviese pasando el fin de semana en un pueblo que tiene exáctamente un habitante. Unhabitante, para ser precisos.

 

Gramós es una aldea en los pirineos de Lleida, situada en el Vall d’Elins que transcurre junto al rio Pallerols entre Sort y la Seu d’Urgell. Al carecer del tamaño suficiente para tener ayuntamiento propio, pertenece al municipio de Ribera de l’Urgellet. Se accede por una pista forestal al costado de la N-260, lo que le deja aislado de cualquier ruta comercial y lo convierte en uno de esos pocos pueblos de España que no tiene un bar. La escasa decena de casas que lo conforman, fueron abandonadas en los años cincuenta del siglo XX, por lo que apenas quedan unas ruinas de lo que fue.

Ruinas de Gramós

El estado de la mayoría de las casas de Gramós

Más ruinas de Gramós

Apenas quedan un montón de rocas en lo que antes fueron viviendas

 

Hace unos años, Ana, una de las antiguas nativas de Gramós decidió volver al pueblo. De hecho, no sólo volver, decidió hacerse con el pueblo y volver a ponerlo en el mapa. De manera que juntando unos ahorros, se hizo con todo el terreno rural perteneciente a la aldea y se censó en él, siendo en la actualidad la única habitante oficial. De esta manera ha conseguido que se restauren los accesos a Gramós, se han instalado generadores de energía renovable para el autoconsumo del pueblo, y ha aprovechado las praderas que dejan disponibles el bosque y las rocas para mantener huertos y una pequeña explotación ganadera. La legislación no le permite indicar en la carretera el acceso al pueblo, de manera lo único que deja constancia de la existencia del mismo es un único cartel particular situado detrás de la valla que limita su terreno, dificil de ver si llegas de noche.

Acceso a Gramós (Google View)

El acceso a la pista forestal privada que lleva a Gramós, y el cartel a su izquierda

 

Ana también ha rehabilitado la casa en la que reside y la casa contigua, bautizando esta última como  la Casa de Les Flors y convirtiéndola en un alojamiento rural. Gracias a los ingresos que obtiene del alquiler de la casa y a la ayuda de sus hijos, puede permitirse subsistir en el valle. El tiempo libre lo dedica a la elaboración de mermeladas y quesos caseros, que vende a los que se alojan en la casa y no puedo dejar de recomendarlos. Si estáis pensando en pasar un fin de semana en una casa rural en los pirineos de Lleida, puede ser una buena opción. Lo de saber que estás acompañando al único habitante en kilómetros a la redonda es un plus a la tranquilidad a tener en cuenta. Y el paraje donde se encuentra el renacido pueblo de Gramós es una delicia para los sentidos.

El paisaje al oeste de Gramós

A 30km en esa dirección, Sort